Monday, November 20, 2017

The Heart in Books: La muerte del padre

Hoy en día elijo los libros que leo, claro. Ya han pasado los tiempos de las lecturas escolares que nos esclavizaban a lo que otros consideraban una experiencia placentera. Es cierto que a veces resultó serlo también para mí y descubrí textos brillantes. Pero otras no. Algunos libros me dejaron con la sensación de una comida indigesta, y aún hoy tengo la impresión de que leérmelos de tapa a tapa fue una cobardía.


La misma que me queda al haber terminado La muerte del padre (2012) de Karl Ove Knausgård, que acabé leyendo porque varias personas me hablaron del libro y además fue una recomendación y uno siente que se lo debe en cierto modo al prestamista.

La muerte del padre se comercializa como ficción pero realmente son unas memorias, divididas en 6 entregas, la primera de las cuales es La muerte del padre. La serie se titula “Min Kamp (Mi lucha), haciendo una alusión deliberada a la autobiografía de Hitler así como al dolor que le causó escribirla. Yo también resumiría con esas dos palabras mi experiencia lectora, para ser sincera.

El libro comienza con una profunda reflexión sobre la microbiología post mórtem (los gusanos que os prometía ayer) y termina brillantemente con una última línea brutal. Por el medio, imagino que con la intención de darle un aire de frescura al texto, y mantener la imagen de haber hecho un trabajo de edición mínimo, se dedica sin piedad a la descripción pormenorizada y microscópica de acciones mundanas y ordinarias como encender cigarrillos, beber cervezas o preparar una taza de café. De cuando en cuando, emerge un espíritu de digresión proustiano con evocaciones vívidas de la confusión e hipersensibilidad adolescentes y reflexiones filosóficas de índole variada, pero tardan tanto en aparecer que me desespero entretanto.

"La vida es sencilla para el corazón: late mientras puede. Luego se para. Antes o después, algún día ese movimiento martilleante para por sí mismo y la sangre empieza a correr hacia el punto más bajo del cuerpo, donde se concentra una pequeña hoya, visible desde fuera como una zona oscura y blanda en la piel cada vez más blanca, a la vez que la temperatura baja, los miembros se endurecen y el intestino se vacía. Los cambios de las primeras horas ocurren tan lentamente y se realizan con tanta seguridad que recuerdan algo ritual, como si la vida capitulara según determinadas reglas, una especie de gentlemen's agreement por el que se rigen también los representantes de lo muerto, ya que siempre esperan a que la vida se haya retirado para iniciar la invasión del nuevo paisaje. Entonces, en cambio, es irrevocable. Nada puede ya detener a las enormes colonias de bacterias que empiezan a expandirse por el interior del cuerpo. (...) Y alcanzan el corazón. Éste sigue intacto, pero como ya no goza del movimiento, al que toda su construcción está dirigida, hay algo de abandonado en él, podríamos imaginarnos algo así como una obra que los obreros han tenido que abandonar a toda prisa, la maquinaria inmóvil brillando con luz amarillenta hacia la oscuridad del bosque, los barracones vacíos, las vagonetas del funicular colgando cargadas hasta los topes por la ladera" (pp.9, 10)

"Con esto puede parecer que la muerte se distribuye a través de dos sistemas diferentes, uno relacionado con ocultación y peso, tierra y oscuridad, y el otro con transparencia y levedad, éter y luz" (p.13)

"Y la muerte, que yo siempre había considerado la magnitud más importante de la vida, oscura, atrayente, no era más que una tubería que revienta, una rama que se rompe con el viento, una chaqueta que cae de la percha al suelo" (p.499)

La autobiografía (¿autoficción?) nos va descubriendo a la figura del padre muerto al tiempo que se va construyendo un mosaico de reminiscencias vitales de chucherías debajo del edredón, miedos, libertad, vergüenza, ira, soledad, caos, risas, traumas,  relaciones filiales y sexualidad emergente. En este acercamiento prismático al recuerdo, tienen cabida las digresiones sobre literatura (alusiones a Rimbaud o Sandemose), naturaleza y arte (Rembrandt (p.35), Constable (p.237), Giotto (p.460)) y los efectos que esta tríada tiene en la "meteorología de la mente" (p.20).

Entre reminiscencias y digresiones, llegamos al clímax (a mi parecer la mejor parte de la novela): el infierno de limpiar la casa y el intento de reconstrucción de lo que padre realmente fue para él. Un tour de force de prosa donde la muerte, como último tabú y como verdad final sublima la existencia.

"Yo tenía ocho años aquella tarde, mi padre treinta y dos. Aunque sigo sin entenderlo, ni sé qué clase de persona fue, el hecho de que yo ahora tenga siete años más de los que él tenía entonces, me hace entender mejor ciertas cosas" (p.16)

"Cuando la visión de conjunto del mundo se amplía, no sólo disminuye el dolor que causa, sino también el sentido. Entender el mundo equivale a colocarse a cierta distancia de él" (p.18)

"Antes veía el tiempo como un trayecto que había que recorrer y el futuro como un proyecto para mucho más adelante, tal vez brillante, pero al menos nunca aburrido; en este momento está entretejido con la vida de aquí y ahora de una manera muy diferente. Si tuviera que describirlo mediante una imagen, sería la de un barco dentro de una esclusa: de un modo tan lento como ineludible, la vida es elevada por el tiempo, que entra constantemente a pequeños chorros desde todos los lados. y cada día que pasa crece la añoranza por ese momento en que la vida llegue al borde, por ese momento en que se abra la compuerta y la vida por fin avance" (pp.39, 40)

"Lo único que me ha enseñado la vida es a soportarla, nunca a cuestionarla, y a quemar en la escritura los deseos generados" (p.47)

"Escribir es sacar de las sombras lo que sabemos. De eso se trata escribir" (p.221)

"Lo caótico y lo impredecible representaban a la vez la condición de la vida y su caducidad, la primera es imposible sin la otra, y aunque casi todos los esfuerzos que realizamos estén encaminados a mantenerla a distancia, bastará con la resignación de un breve instante para querer vivir en su luz, y no en sus sombra como ahora" (p.223)

"Bajo esta luz hay que considerar ese extraño y ambiguo papel que ocupa la muerte. Por un lado está por todas partes, nos inundan las noticias sobre la muerte, las imágenes de muertos; (...) es tremenda, omnipresente, inagotable (...) Y la muerte, la muerte es lo último grande del exterior. Por eso hay que ocultarla. Porque la muerte está fuera del nombre y fuera de la vida, pero no está fuera del mundo" (p.259)

"Las emociones son como el agua, se configuran siempre según el entorno. Ni siquiera el dolor más grande deja rastro, cuando se percibe tan sobrecoger y dura tanto no es porque las emociones se hayan solidificado, eso es imposible, sino porque se quedan estancadas, de la misma manera que se queda estancada el agua en una laguna" (pp.298-299)

Sunday, November 19, 2017

Epitaphs (XV): Posthumous Letters in Paris (I) Père Lachaise

William Shakespeare dicía en Richard II, “Let's talk of graves, of worms, and epitaphs". Pois falemos de tumbas e epitafios, neste caso en relación ao Père Lachaise de París. Os vermes deixámolos para mañá, que trataremos o libro de Karl Ove Knausgård

Esta parada na capital francesa non só é para coimetrófilos, pois disque Père Lachaise é dos camposantos máis visitados do mundo. Abriu no 1804, leva o nome do confesor de Luís XIV (Père François d'Aix de la Chaise, 1624-1709) e ten arredor dunhas 70.000 tumbas nun xardín que ocupa unhas 44 hectáreas. Podedes botar un par de horiñas alí, e recoméndovos mercar un mapa no quiosco que hai no Bd de Ménilmontant para non perderse entre tanto boulevard.

A maioría dos visitantes anda na procura das tumbas dos ilustres: Chopin, Jim Morrison, Oscar Wilde, Molière, Apollinaire, Balzac, Proust ou Gertrude Stein entre outros. Só con esas a visita dá para moito, pero a verdade é que paga a pena levar un ritmo pausado e contemplar o que parece que é unha especie de batalla entre burgueses e bohemios. 

Hai mausoleos enormes decorados con estatuas espectaculares de anxos e escenas de pranto ou desconsolo extremo por unha banda, e por outra tumbas máis modernistas, outras humildes, ou kitsch ou mesmo tecnolóxicas (buscade a do código QR nas fotografías que seguen).

Entre criptas e árbores inmensas, unha rede de camiños adoquinados que parecen absorber os ruídos da cidade. Só se escoitan os nosos pasos e os da morte.


Tumba de Oscar Wilde, obra do escultor Jacob Epstein (1914)


















Tumba de Jim Morrison, cun epitafio en grego  “Κατά τον δαίμονα εαυτού” que nos recorda que viviu fiel ao seu espírito libre

A tumba de Morrison é das máis visitadas do cemiterio
Os/as fans deixan as súas homenaxes en forma de palabras ou chicles mastigados






A insólita tumba 2.0. Para saber máis, preme aquí

Outro detalle da tumba 2.0 











Tumba de Claude Chabrol





A fermosísima tumba de Frédéric Chopin


















Tumba de Simone Signoret e Yves Montand


















Tumba de Marcel Proust